La entrevista a Irene Montero en El Círculo Independiente dejó una instantánea política afilada. Durante casi una hora, la exministra expuso su diagnóstico de la España actual: un país donde, según su visión, la corrupción no es un accidente, sino una arquitectura de poder
Uno de los puntos que marcó el tono fue la corrupción. Irene Montero describió el fenómeno como algo mucho más profundo que una suma de escándalos. Según su lectura, lo que España arrastra es un sistema entero que durante años ha permitido la conexión entre grandes empresas y partidos. Esto lo expresó con una frase que resume bien su pensamiento: “La corrupción no es un fallo del sistema, es la forma en la que el sistema ha funcionado durante décadas”. Desde ahí defendió endurecer los límites, vetar a empresas implicadas y obligar a los partidos a asumir las consecuencias de los delitos cometidos desde dentro.
A partir de ese análisis, la conversación se movió hacia la vivienda, un tema que la exministra relaciona directamente con el malestar social. Insistió en que no se puede presumir de crecimiento económico cuando tantas familias destinan gran parte del sueldo al alquiler. Según ella, intervenir precios, controlar la especulación de fondos internacionales y ampliar el parque público no son medidas ideológicas, sino herramientas básicas para garantizar algo tan simple como poder vivir. Lo dijo sin rodeos: “No puedes presumir de cohete económico mientras hay familias pagando el setenta por ciento del sueldo en alquiler”.
La sección dedicada a política internacional tuvo un tono aún más crítico. Montero valoró algunos gestos del Gobierno respecto a Palestina, pero consideró que no bastan. Aseguró que el embargo anunciado “sigue permitiendo que pasen barcos con material militar”, algo que calificó como incoherente y alejado de la magnitud del conflicto. Su lectura situó a España dentro de una Unión Europea que, según ella, actúa con timidez ante decisiones que requieren más firmeza.
En este punto, también mostró su opinión sobre la controversia que rodea al fiscal general del Estado. Montero afirmó que buena parte de los ataques dirigidos contra él responden a dinámicas que, según su visión, combinan intereses políticos y presión mediática. Señaló que el uso del derecho penal “como arma arrojadiza” desgasta las instituciones y alimenta un clima donde, en sus palabras, algunos actores intentan “forzar desde los tribunales lo que no ganan en las urnas”. Enmarcó este caso dentro de lo que considera una corriente más amplia de judicialización estratégica del conflicto político.
Ese análisis desembocó en otro de los grandes bloques, la izquierda. Para Irene Montero, el problema de estos últimos años no ha sido la división, sino la dificultad de ejercer poder real cuando se gobierna. Recordó que varias reformas importantes salieron adelante pese a resistencias internas. Y dejó una frase que inevitablemente genera debate: “En España la derecha es golpista, acepta la democracia solo cuando gana”. Aclaró que no hablaba de golpes clásicos, sino de dinámicas judiciales, mediáticas y políticas que, según su interpretación, frenan cualquier avance progresista.
Hacia el final, Montero amplió el foco y ubicó este momento dentro del ciclo que comenzó con el 15M. Aseguró que ese impulso no se ha agotado, que sigue ahí aunque pase por fases distintas. Y cerró con una idea que resume su mirada: “La tarea de la izquierda es hacer posible lo que siempre nos dijeron que era imposible”.