La entrevista con Tristán Paniagua en El Círculo Independiente fue, en realidad, una conversación a tres voces. Bajo ese seudónimo escriben Mario Garcés, Luis Cueto y José Manuel Calvo, tres perfiles muy distintos que coinciden en una misma idea: el sistema político español necesita ser contado desde dentro
Desde el inicio aclararon que no querían sumarse al género del “político que publica memorias”. Criticaron esa tendencia con ironía, diferenciándose de lo que llamaron “pornografía literaria”, libros escritos por otros, sin sustancia y construidos únicamente a base de contactos. En su caso, subrayaron que han dedicado más de un año y medio a escribir un relato literario sólido y, sobre todo, honesto. Su propósito es doble: construir una historia bien escrita y abrir al lector la trastienda del poder.
El protagonista de la novela es Humberto Hurtado, un dirigente político que está a punto de convertirse en presidente del Gobierno y que narra en primera persona cómo ha sobrevivido a todas las etapas del sistema. A través de él, los autores trazan el perfil del político profesional que, según ellos, ha proliferado en los últimos años: alguien sin vida fuera de la política, sin oficio real, cuya supervivencia depende del cargo y de las estructuras internas del partido. Definieron al personaje como “un desaprensivo contemporáneo”, no un héroe ni un villano, sino un producto del ecosistema político actual.
A partir de ahí, la conversación se adentró en la crítica al funcionamiento de los partidos. Los tres autores coincidieron en que, más allá de las siglas, las lógicas internas son similares: jerarquías rígidas, culto al líder, disciplina de grupo y estructuras que funcionan como “agencias de colocación”. Señalaron que el problema no es ideológico, sino estructural: una profesionalización extrema que ha generado perfiles que, por miedo a quedarse fuera, aceptan cualquier decisión del partido.
Su experiencia con Manuela Carmena sirvió de contrapunto. Cueto y Calvo recordaron su etapa en el Ayuntamiento de Madrid como un ejemplo de gestión ajena a los partidos tradicionales. No eran militantes de Podemos ni de Más Madrid, sino profesionales que decidieron acompañar a Carmena en un proyecto municipal. Reconocieron, sin embargo, que aquel modelo era frágil, funcionaba porque Carmena tenía un liderazgo sólido y una autoridad moral difícil de replicar. Tras su salida, la estructura volvió a la lógica tradicional.
El tono general fue pesimista respecto al futuro de los partidos. Los autores aseguraron que, mientras mantengan poder institucional, presupuesto y capacidad de nombrar cargos, no existen incentivos reales para reformarse. Advirtieron de que el desprestigio continuado puede tener dos consecuencias: la llegada de liderazgos autoritarios o una reacción fuerte de la sociedad civil. Su libro, explicaron, no es un manual de soluciones, sino una señal de alarma.
También dedicaron un tramo a criticar el mercado editorial político. Cuestionaron los libros que firman autores que no escriben, los premios literarios predecibles y la producción masiva de títulos de “famosos” sin rigor. Frente a ese panorama, reivindicaron “Yo, presidente” como una obra distinta por su enfoque y por colocar en el centro a un personaje que encarna los excesos del sistema.
La entrevista cerró con una idea que atraviesa toda la conversación: para defender la democracia, primero hay que mirar sin filtros cómo funcionan sus engranajes. “Yo, presidente” intenta hacer exactamente eso desde la ficción. Entrar en la mente de quien aspira al poder, mostrar las costuras de los partidos y dejar que sea el lector quien saque sus conclusiones.