Sarah Santaolalla visita El Círculo Independiente tras la serie de ataques de odio que ha sufrido por parte de la ultraderecha
Esta semana está con nosotros en El Círculo Independiente Sarah Santaolalla, analista política que empezó en la radio con 18 años y dio el salto a la televisión con 21. Con 27, trae una conversación que mezcla oficio, exposición pública y una honestidad poco habitual en un ecosistema donde es fácil confundirse y creerse el personaje. Ella lo dice sin vueltas: puedes equivocarte, puedes decir gilipolleces, lo importante es no terminar convertido en una.
En el episodio hablamos de lo que significa vivir “de cara” al público, cuando te ves un día tras otro en digitales, cuando te piden fotos por la calle y cuando la gente se siente con derecho a opinar sobre vos como si fueras un producto en una estantería. Sarah también pincha un globo bastante popular, no le gusta dar mensajes prefabricados ni romantizar el esfuerzo, porque el éxito no es una religión de levantarse a las 6 de la mañana y ya. La frase que lo resume todo llega con humor y un punto de alarma: “puedo decir muchas gilipolleces pero no me he vuelto gilipollas”.
Desde ahí la charla se mete de lleno en el periodismo político y en el debate (real) sobre objetividad. Sarah defiende que se puede trabajar con toda la objetividad posible sin esconder la ideología, y critica esa moda de poner al mismo nivel a quien inventa y a quien demuestra, como si un terraplanista y un científico estuvieran jugando el mismo partido. En su visión, el problema no es que exista conflicto, es fingir que no lo hay, porque a veces “unos están disparando y otros siendo disparados”, y ahí el “centro” es solo un decorado.
También aparece la parte áspera del oficio, el señalamiento, el hostigamiento y el intento constante de disciplinar a quien habla. Cuenta episodios de humillación por el aspecto físico, y relata cómo llegó a ir a comisaría al ver gente en la puerta de su casa, asustada, con la sensación de que ni siquiera hay tiempo para procesar lo que pasa. La idea de fondo es clara, buscan que te vayas a casa y no hagas ruido. Y, como si fuera poco, con la precariedad en paralelo, porque en este trabajo puedes terminar la semana sin tener asegurada la siguiente.
En clave política, Sarah analiza el momento de la izquierda y no se queda en slogans: plantea que hace falta debate, renovación y dejar de repetir fórmulas que ya fallaron. Habla de la vivienda y de qué está pasando cuando el salario no te da ni para pagar una habitación, y lanza una advertencia que incomoda porque suena plausible, Abascal puede llegar a presidente. En ese contexto, menciona referentes que le interesan y el peso de las dinámicas territoriales (BNG, Esquerra, Bildu) dentro del tablero nacional.
La entrevista también abre una puerta a cultura y política, sin ponernos intensos por deporte, Bad Bunny, “los 13 minutos” que lo cambian todo, la juventud que se derechiza mientras sigue a artistas que mueven millones, y la idea de que la cultura, con todos sus límites, sigue funcionando como una barrera moral frente a la violencia política. Y cerramos con un costado más personal, le han ofrecido cosas en política y en presentación, pero todavía no es el momento. Reconoce el síndrome del impostor que atraviesa a muchas mujeres, admite que ha pensado en parar más de una vez, y deja un deseo tan simple como gigante en 2026: poder comprarse una vivienda.