12 junio 2026
12 junio 2026

«El Mayor estigma del VIH» ECI #146

En El Círculo Independiente, Euprepio Padula cambia el plató por un escenario institucional y modera una mesa redonda en el Ministerio de Sanidad con un título que ya es un posicionamiento. VIH, comunicación y arte frente al estigma. Han pasado más de cuatro décadas desde que el VIH irrumpió en nuestras sociedades, la ciencia ha avanzado y hoy las personas con VIH pueden tener una vida larga y plena. Y, sin embargo, el estigma sigue ahí, a veces explícito, a veces más sutil, pero siempre con consecuencias reales en empleo, vivienda, educación y bienestar emocional.

Padula abre con una de esas frases que suenan a hartazgo y a urgencia al mismo tiempo. Está cansado de escuchar que no hay que mezclar cultura y política, como si el arte fuese un jarrón caro en una esquina. Para él, si el arte no sirve para sacar lo que llevamos dentro y convertirlo en conversación pública, entonces para qué está. En un tema como el VIH, insiste, no toca bajar la voz ni volver al armario. Toca hablar, ocupar espacio y ser activistas más que nunca.

La ministra Mónica García recoge el guante y lo aterriza. El VIH no puede abordarse solo como cuestión sanitaria. Se juega en cómo hablamos, cómo miramos y cómo representamos a las personas que viven con esta condición de salud. Por eso, frente a los datos y los informes, hacen falta narrativa, empatía y cultura. El arte, dice, llega donde no llegan muchas veces ni los discursos políticos ni las instituciones, humaniza y recuerda que detrás de cada diagnóstico hay una persona, una familia y un proyecto de vida.

En ese punto aparece Eduardo Casanova, con una idea incómoda y muy honesta. La visibilidad es un arma de doble filo. Él decide hacer público que vive con VIH primero por una necesidad personal, porque convivir con el estigma y la violencia social es inviable. Lo hace, además, desde un privilegio que no disimula, tener recursos para sostenerlo con apoyo psicológico, algo que muchas personas no pueden permitirse. Y lanza un mensaje que corta el aire. Lo que le complica la vida no son los tratamientos ni la medicina, es el estigma y la violencia.

Casanova también pone el foco en el papel de la cultura como motor de conversación. Recuerda cómo proyectos audiovisuales han vuelto a colocar el VIH en el centro del debate, dentro y fuera del colectivo. Y remata con una demanda que no es estética, es política pública. Si la respuesta al estigma es el arte, hay que financiarlo. No puede depender de asociaciones que se dejan la piel con recursos precarios. El apoyo, dice, no puede venir solo de la comunidad, también tiene que venir de las instituciones.

El resto de la mesa completa el mapa. Iván resume el estigma como un escudo que invisibiliza a la persona y la reduce a una etiqueta. Carmen insiste en la importancia de ocupar los espacios públicos y estar en el centro del discurso. Samuel recuerda que los colectivos nacen de la desinformación y que el arte, bien usado, sirve para divulgar, comunicar y generar empatía. Y María Josefa subraya que existen elementos para acabar con el estigma si se trabaja con seriedad y constancia.

Pero la conversación no se queda en la teoría. Llega el golpe de realidad, la avalancha de odio y acoso en redes tras la visibilidad de Casanova. Carmen explica que han recopilado más de 3.000 pruebas que podrían ser delito. La jurista Carmen Pérez Sauquillo recuerda que la libertad de expresión no incluye actos ofensivos para expresar opiniones y recomienda denunciar, también ante Fiscalía, con detalle y aportando indicios y evidencias. La ministra advierte que el acoso no solo daña a quien lo sufre, también alimenta el estigma y actúa como mecanismo disciplinador para que otros no hablen.

Entre todo ese ruido aparece un mensaje de fondo que el Ministerio y la mesa repiten con distintas palabras. La eliminación del estigma no es un gesto simbólico, es una condición para que la respuesta pública funcione. Julia Del Amo explica que esa eliminación se vehiculiza a través del Pacto Social y que el trabajo se hace en diálogo constante con la comunidad. Lo institucional, cuando es útil, no sustituye a lo comunitario, lo sostiene.

El cierre del programa deja una conclusión difícil de ignorar. El VIH ya no es lo que fue en términos clínicos, pero sigue siendo lo que fue en términos sociales si la sociedad sigue mirando con prejuicio. Por eso la mesa insiste en una fórmula que parece simple y es profundamente exigente. Información, empatía, visibilidad y cultura, con recursos y con leyes que se cumplan. Que la visibilidad deje de ser un acto de valentía y pase a ser, por fin, normalidad.