12 junio 2026
12 junio 2026

«Llamaban hombres a mi casa pidiendo servicios sexuales» Rita Maestre (ECI #151)

En El Círculo Independiente, Euprepio Padula recibe a Rita Maestre, portavoz de Más Madrid en la Asamblea, con un arranque que ya marca el tono. Hoy toca hablar de acoso, pero también de política local, feminismo y de un Madrid que, según Maestre, se está quedando sin vecinos. Lo que une todos esos temas es una idea simple. Cuando se deshumaniza al adversario, el daño deja de ser simbólico y se convierte en vida cotidiana.

Maestre cuenta una historia que empieza con desconcierto. Al principio no entendía qué estaba pasando. De pronto, hombres desconocidos empezaron a aparecer en la puerta de su casa preguntando por ella, insistiendo por el telefonillo, exigiendo que abriera. La primera sensación, además embarazada, fue miedo. Solo cuando la policía municipal interceptó a uno de ellos se entendió el mecanismo. Al hombre le habían dado su dirección como si fuese un lugar donde iba a tener un encuentro sexual pagado. La trampa se repitió durante casi un año. Denuncia, ampliación de denuncia e investigación judicial en marcha.

La motivación política, dice, no está demostrada. Pero hay un componente que sí ve claro. Misoginia. Cuando lo hizo público, recibió mensajes de muchas mujeres contando experiencias parecidas, en el trabajo, con jefes, compañeros o exparejas. Una violencia que busca humillar, intimidar y ocupar el espacio más íntimo, la casa, con una sensación de violación de la privacidad que no se borra. A esa violencia se le suma otra capa. La vergüenza inicial, como si la culpa fuese tuya, y el miedo a contarlo por exponerte de nuevo. Al final, explica, hacerlo público fue liberador, porque lo convirtió en un problema colectivo y no en un secreto personal.

Padula y Maestre enlazan esa experiencia con el clima político. Maestre señala la hipocresía como una de las cosas que menos soporta de la política, el “qué tal las niñas” en privado y el ataque feroz en público. Pero va más allá. Lo nuevo no es el desacuerdo democrático, lo nuevo es la deshumanización, la normalización del insulto y el señalamiento que convierte a alguien en un blanco legítimo. En ese caldo de cultivo, quien acosa siente que puede hacerlo impunemente. Y el objetivo, insiste, es callarte, mandarte de vuelta a casa. Ella no lo contempla. Ni por ella ni por el ejemplo que quiere dar a sus hijas.

A partir de ahí, la conversación se mete en Madrid. Maestre dice que le gusta la política local porque es la que se hace en la calle, escuchando a la gente. Y lo que escucha se repite, no me da la vida, no llego, no puedo pagar la casa, no reconozco mi barrio. De ese diagnóstico nace su campaña “Te están robando Madrid”. No como eslogan vacío, sino como descripción literal de un modelo. Donde antes había una panadería ahora hay un Airbnb. Donde había comercio de barrio ahora hay franquicia. Y miles de personas, sostiene, se ven obligadas a irse porque fondos de inversión compran edificios enteros, expulsan a los vecinos y duplican alquileres. La vivienda es el principal problema y, en cascada, también lo es para la economía cotidiana, porque si suben los alquileres de locales, casi ningún negocio es rentable.

El tramo feminista funciona como recordatorio político. Maestre cuenta que empezó a sentirse feminista en casa y después en la universidad. El movimiento ha crecido hasta ser una de esas palabras enormes, como libertad o igualdad, y precisamente por eso se ha convertido en objetivo. Habla de una reacción machista financiada con dinero y organizada desde actores internacionales, y marca una línea roja. Los derechos de las personas trans no se discuten, se defienden.

Cuando Padula abre la ventana geopolítica, Maestre admite miedo, por sus hijas y por un mundo que ha ido rompiendo reglas construidas tras la Segunda Guerra Mundial. Su receta se parece a la que aplica en Madrid. Unión y respuesta colectiva. Europa fuerte, unida, defendiendo su modelo. Y se declara orgullosa del papel del Gobierno de España en Gaza, en el reconocimiento de Palestina y en empujar un embargo de armas. Para ella, incluso siendo un país “grande pero pequeño”, movilizarse sirve y arrastra a otros.

El cierre vuelve a la política madrileña con una idea menos cómoda que la queja. Madrid no está perdida. Lo que falta, dice, es movilización electoral donde la izquierda ya suma, pero vota menos. Pone el ejemplo de Vallecas frente a la zona norte. Y se lo toma como responsabilidad propia. Convencer a la gente de que participar cambia cosas, porque si no, la ciudad seguirá siendo un decorado para el lujo y la especulación. Y eso, insiste, no es Madrid.