En El Círculo Independiente, Euprepio Padula recibe de nuevo a Eric Frattini con una entrevista que llega pegada a la actualidad y con una pregunta que, en estos meses, flota en el aire como humo. Qué hay realmente detrás del poder de Israel en Oriente Medio y hasta qué punto el Mossad es el músculo silencioso que sostiene esa política. Frattini, vaticanista, ex corresponsal en la región y autor de Mossad, el largo brazo de Israel, vuelve al programa para poner orden en un tema donde abunda la consigna y falta el dato.
Empieza por lo básico. El Mossad, explica, es el servicio de inteligencia exterior de Israel. Nace en 1951 por orden de Ben Gurion, en un momento en el que el nuevo Estado tenía “grupúsculos” y estructuras dispersas que se autodenominaban inteligencia. La creación del Mossad es, en ese sentido, el intento de dar forma a un solo aparato coordinado. Frattini lo describe como uno de los servicios más efectivos de la región, no por mística, sino por objetivos claros, recursos y mentalidad.
Esa mentalidad es una de las claves del episodio. Israel, dice, no piensa como Europa. Su sistema central es la defensa y su obsesión es la seguridad nacional. Por eso, según Frattini, mandatos internacionales y resoluciones de Naciones Unidas les importan poco cuando chocan con esa lógica. Y para entender decisiones que desde fuera parecen desproporcionadas, hay que asumir que se perciben como un país atacado desde su nacimiento. En el relato israelí, el Holocausto no puede volver a suceder. El problema, señala Padula, es que esa prevención está terminando en políticas que el mundo ve como aniquilación, especialmente tras Gaza.
Frattini baja el debate al terreno del espionaje real, sin romanticismo. Cuenta una anécdota reveladora de sus años como corresponsal. Vivió en Israel cuatro años y nunca escuchó la palabra “Mossad” en boca de israelíes, gobierno o medios. Todos saben que existe, pero no se nombra. Para la población, sus agentes son “soldados”, otra línea de defensa, como la fuerza aérea o una unidad de infantería. Ese silencio cultural ayuda a entender por qué el Mossad puede operar con una aura de intocabilidad interna.
La conversación se centra entonces en Irán y en la idea fija que, según Frattini, une a directores del Mossad y a gobiernos israelíes de distintas épocas. Acabar o, al menos, retrasar el programa nuclear iraní. Frattini sostiene que Irán ha ido saltándose de forma constante las limitaciones e inspecciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica, y que en Israel hay una frontera mental innegociable. No se pueden permitir que Irán desarrolle armamento nuclear. A partir de ahí, describe una doble vía permanente. Diplomacia por un lado, inteligencia por otro. Y en esa segunda vía entran operaciones que, según él, se estudiarán en el futuro en escuelas de inteligencia.
En el episodio aparece una de las afirmaciones más contundentes. La existencia de una unidad creada con un único fin, asesinar al líder supremo iraní, y el uso de capacidades tecnológicas para localizar objetivos y ejecutar golpes de altísimo impacto. Frattini plantea, además, que desde una lógica democrática europea eso sería un crimen, pero desde la lógica de inteligencia se analiza como eficacia operativa. Ahí se ve el choque ético que recorre toda la entrevista. El método puede ser brillante y, al mismo tiempo, moralmente explosivo.
Padula abre otro capítulo igual de oscuro. Los archivos de Epstein y la hipótesis de que la inteligencia israelí usa información cuando le conviene políticamente. Frattini no afirma certezas absolutas, pero insiste en el patrón. Los conocimientos se usan cuando sirven. Y pone un ejemplo que conecta con España. Por qué Israel no libera datos sobre Pegasus, el software espía. Su respuesta es pragmática. Si lo hiciera, pondría en un aprieto a Marruecos, aliado clave en equilibrios regionales como los Acuerdos de Abraham. Aquí suelta una imagen que resume bien su visión. Israel juega al ajedrez contigo mientras mira cómo juegas con el de al lado.
Cuando vuelven a Gaza, Frattini relata su visita en 2024 y describe un ambiente de venganza tras el 7 de octubre. Aun así, admite que le cuesta pensar que, en un Estado tan tecnológico y controlado, no hubiese señales del ataque, más aún cuando hubo avisos desde inteligencia egipcia sobre movimientos de armas. Su conclusión es menos conspirativa que cínica. No imaginaron que el golpe sería tan atroz, pero la respuesta iba a ser brutal, porque Israel no se iba a cortar.
El cierre de la entrevista deja una predicción y un aviso. Frattini cree que Israel quedará cada vez más solo y que seguirá castigando a Irán con ataques aéreos, mientras el Mossad continúa con asesinatos selectivos de científicos iraníes, una estrategia que describe como constante desde principios de los 2000. De fondo queda la pregunta incómoda que Padula no disimula. Si el mundo acepta que la seguridad lo justifica todo, entonces la política internacional se convierte en una selva. Y en la selva, siempre manda el que mejor juega al ajedrez.