15 julio 2026
15 julio 2026

“Alguien que tiene tanta información no tiene sentido que se suicide” Julián Macías (ECI#159)

En El Círculo Independiente, Euprepio Padula recibe a Julián Macías, fundador de Pandemia Digital, para hablar de un asunto que ya no es un ruido de fondo. La desinformación se ha convertido en infraestructura política. Macías llega con un enfoque poco sentimental y muy de taller, menos opinión y más rastro, datos, patrones, financiación, redes de cuentas y altavoces.

El nombre del proyecto nace en pleno covid, casi como una intuición febril. Macías cuenta que, enfermo en cama al inicio de los confinamientos, conectó el problema sanitario con otro paralelo, la pandemia de la mentira. Más tiempo conectados, más vulnerabilidad emocional, más campo abonado para teorías conspirativas, odio y bulos. En ese caldo, dice, los profesionales de la manipulación siembran y la semilla crece sola.

A partir de ahí, el episodio se ordena en torno a una pregunta clave. Cuándo se vuelve industrial la desinformación digital. Macías recuerda que la propaganda ha existido siempre, desde guerras clásicas hasta episodios recientes como Irak y las armas de destrucción masiva. Pero señala un punto de inflexión moderno con nombre propio. Brexit y Cambridge Analytica como símbolo de una nueva fase, la de convertir datos y plataformas en herramientas para moldear percepciones a gran escala.

Padula empuja hacia el terreno más incómodo, las conexiones entre poder económico, tecnología, campañas y guerra cultural. Aquí Macías despliega su mapa, siempre en forma de hipótesis y relaciones que él considera rastreables. Habla de los archivos de Epstein y de lo poco que, según su visión, se ha contado sobre el contenido real, especialmente lo que no aparece, como discos duros y materiales audiovisuales. También menciona figuras del ecosistema trumpista como Steve Bannon y el uso del escándalo, el miedo y el espectáculo como combustible político.

En el centro de su análisis aparece una idea que atraviesa toda la entrevista. Esto ya no va solo de derecha e izquierda. Va de una élite económica que quiere imponer agenda y desactivar controles democráticos. Macías mete en esa ecuación a grandes tecnológicas y a quienes diseñan herramientas capaces de pasar de la persuasión al control, y advierte del salto de pantalla, de usar datos para influir en redes a usarlos en contextos de seguridad y conflicto.

Cuando aterrizan en España, la conversación se vuelve especialmente práctica. Macías insiste en que el sostén no son solo partidos, son estructuras más sólidas, redes de fundaciones, financiadores, medios afines y mecanismos de amplificación como bots. Pone ejemplos de cómo ciertos apoyos mediáticos aparecen y desaparecen según convenga, y critica que el país normalice campañas sucias y acoso político que en otros lugares tendrían consecuencias más rápidas.

Padula le plantea un contraste interesante. Si enfrente hay dinero, estrategia y tecnología, cómo es posible que gobiernos como el de Pedro Sánchez sigan en pie. Macías responde con una mezcla de reconocimiento y reproche. Considera a Sánchez hábil, con buen timing y asesores, aunque lo ve irregular en ejecución. Y señala una asignatura pendiente que, por obvia, se ha vuelto desesperante, la vivienda.

El tramo final, curiosamente, es el más revelador sobre Pandemia Digital. Macías dice que su proyecto ha recibido cero euros públicos y cero euros privados, y que nació con una vocación pedagógica, web, canal, herramientas gratuitas, documentos y recomendaciones para que la gente aprenda a mirar la conversación digital con criterio y no sea carne de cañón. No se presenta como salvador, se presenta como alguien que quiere que haya más gente capaz de comprobar, rastrear y preguntar.

La entrevista termina dejando una idea incómoda pero útil. La desinformación no se combate solo con indignación. Se combate con reglas, transparencia, educación mediática y con ciudadanos que no confundan sentirse informados con estarlo. Y, sobre todo, con la voluntad de mirar debajo del titular, justo donde casi nadie quiere mirar.