En El Círculo Independiente, Euprepio Padula entrevista a Marieta Jiménez, vicepresidenta ejecutiva de Merck Healthcare y responsable de 35 países, para hablar de salud, innovación y liderazgo sin eslóganes. La conversación arranca con una idea que parece menor, pero lo ordena todo. Cuando estás en posiciones de liderazgo, lo de menos es la nacionalidad. Lo importante es cómo has construido la carrera, cómo has aprendido, qué retos has asumido y qué decisiones has tomado para llegar hasta ahí.
Ese foco en las decisiones se traslada de inmediato al sector sanitario. Jiménez sostiene que estamos en un momento particularmente clave y paradójico. La innovación científica avanza como nunca y las empresas tienen capacidad de innovar con más rapidez y precisión, pero al mismo tiempo hay más presión política y presupuestaria que nunca. En 35 países, dice, se repite la misma tensión, elegir entre salud y otros temas también prioritarios. Y ahí es donde la entrevista se pone realmente didáctica, porque aterriza lo que mucha gente no ve.
Poner un medicamento a disposición de los pacientes no es cuestión de apretar un botón. Habla de diez años de media y de un nivel de riesgo brutal. De 10.000 compuestos investigados, solo uno llega a convertirse en un medicamento para un paciente. En ese camino se invierten miles de millones. Y además, una parte muy relevante de los beneficios del sector, en torno al 20 al 25 por ciento, se reinvierte en investigación. Ese es el corazón del modelo. Alto riesgo y largo plazo. El problema, subraya, es que la vida no siempre da margen.
Porque incluso cuando el regulador aprueba un medicamento, todavía puede tardar de uno a dos años en estar accesible al paciente, según el país. Y cuando hablamos de oncología, inmunología o enfermedades raras, el paciente no tiene dos años. Esta frase atraviesa el episodio como una alarma. No se trata solo de innovación, se trata de velocidad de acceso.
A esa presión se suma otra, demográfica. Poblaciones envejecidas, natalidad en caída, menos cotizantes futuros y sistemas sanitarios con un problema de sostenibilidad real. Para Jiménez, el gran desafío del siglo XXI es cómo vamos a ser capaces de seguir proporcionando salud a los ciudadanos. Da igual si estás en la industria privada o en la administración pública, el propósito es común. Y el reto también.
Cuando entran en inteligencia artificial, el enfoque es pragmático. La IA ya está impactando en la investigación, acelerando análisis y modelos predictivos para acortar tiempos. Y también en la fabricación, donde Merck trabaja con “gemelos digitales” y simulación de procesos. La imagen que da Jiménez es muy gráfica. Producir 300 gramos de ciertos medicamentos biotecnológicos puede llevar seis meses. Con IA, esa producción puede ganar agilidad y eficiencia, aunque exige talento y adaptación.
La entrevista se abre luego a Europa, y ahí Jiménez suelta una crítica poco habitual en una directiva que habla en público. Europa ha perdido innovación e inversión frente a Estados Unidos y China. Demasiada regulación y poca acción concreta. Aun así, defiende que el sector фарма sigue siendo un motor económico clave, pero hay que cuidarlo si se quiere que Europa vuelva a estar en la primera línea.
En España, su valoración es equilibrada. Tenemos un sistema de salud muy bueno en acceso básico e igualdad, pero con diferencias autonómicas que rompen equidad. Y, sobre todo, un retraso en acceso a innovación. Habla de una media de alrededor de un año desde la aprobación europea hasta que el medicamento llega aquí, frente a un mes y medio en Alemania. Se puede estar “en la media”, pero la media no consuela a quien espera un tratamiento.
El tramo final cambia de foco, pero no de lógica. Jiménez habla de ClosinGap, una iniciativa impulsada desde empresas para medir el coste de no aprovechar el talento de la mujer. La idea nace de una conversación doméstica con sus hijas y se convierte en informes, índices y cifras que golpean. Todavía quedan 36 años para cerrar la brecha en España según su índice, y el impacto económico es enorme. Su receta, de nuevo, no es retórica. Decisiones. Cuando los líderes toman decisiones, las cosas cambian.
Cierra con un mensaje que funciona para salud, igualdad y empresa. El futuro es de los jóvenes, pero hay que incorporarles antes a la toma de decisiones. El mundo va demasiado rápido para esperar treinta años. Y, como repite durante toda la entrevista, lo que transforma una carrera y también una sociedad no son las intenciones, son las decisiones que se toman.