8 agosto 2026
8 agosto 2026

«Nos espera un futuro inmediato muy oscuro» Juan Luis Cano (ECI #163)

En El Círculo Independiente, Euprepio Padula recibe a Juan Luis Cano para hablar de radio, humor, compromiso y de una manera de entender la vida que empezó hace más de cuatro décadas. Gomaespuma nació en 1982 como un programa creado por tres amigos en una emisora que también daba sus primeros pasos. Ocupaba una franja casi residual, los sábados de madrugada, pero terminó convirtiéndose en un espacio de culto entre los jóvenes.

Cano explica que su éxito tuvo mucho que ver con hacer algo que no se parecía a nada. No llevaron humoristas a la radio, hicieron humor pensado desde la radio y para la radio. Utilizaron sonidos, voces y situaciones para jugar con la imaginación del oyente. Podían emitir desde debajo del agua o convertir a un marciano en gallego sin necesitar una sola imagen. Después mezclaron información y humor en un programa matinal que contaba la actualidad desde un punto de vista propio, sin renunciar a enfadarse, emocionarse o llorar cuando la realidad lo exigía.

Para Cano, Gomaespuma dejó de ser solo un programa y se convirtió en una manera de mirar y contar el mundo. La radio ha sido central en su vida. Allí conoció a su mujer, hizo grandes amigos y encontró una profesión que le permitió vivir. La define como una adicción y como “magia pura”, aunque reconoce que aquel modelo sería difícil de repetir hoy. Antes bastaba con enviar una maqueta y tener suerte. Ahora las emisoras se parecen demasiado entre sí y las parrillas repiten formatos y horarios.

El legado más tangible de aquella etapa es la Fundación Gomaespuma. Cano y Guillermo Fesser la pusieron en marcha como una forma de devolver a la vida parte de lo que habían recibido. Sus proyectos permanentes se centran en la educación infantil, porque consideran que es la herramienta más eficaz para escapar de la pobreza. Mantienen escuelas, orfanatos y programas de becas en Nicaragua y Senegal, apoyan iniciativas sanitarias y trabajan en España con educación socioemocional para niños de tres a seis años. Ya han llegado a más de 20.000 menores.

La fundación no recibe subvenciones. Se financia mediante socios y eventos, muchos vinculados al humor. Uno de los más peculiares es la maratón más corta del mundo, una prueba de 42 metros que convierte la solidaridad en una jornada familiar. El planteamiento resume bien su filosofía. Ayudar no tiene por qué estar reñido con pasarlo bien.

La conversación entra después en el humor y en sus límites actuales. Cano no cree que el humor haya cambiado tanto como la sociedad. Lo que sí le preocupa es la autocensura, el miedo de quienes hacen humor a perder su trabajo por una broma. Para él, el humor es un ingrediente esencial de la vida y aparece siempre al rescate en los momentos más duros.

Ese humor no le impide mirar con preocupación la actualidad. Cano describe el momento como deprimente y señala a las redes sociales como el principal vehículo de expansión del odio y de los discursos de extrema derecha. No las considera la causa única, pero sí el instrumento que ha permitido amplificar esos mensajes. Por eso defiende que hay que estar en ellas. Si abandonas el espacio, otro lo ocupa, y la batalla política y cultural ya se está librando allí.

Su diagnóstico global es pesimista. Cree que Estados Unidos atraviesa el declive de un imperio y recuerda que muchos imperios cayeron por una combinación parecida, riqueza concentrada en pocas manos y dirigentes incapaces. Frente a ese escenario reclama unidad entre las fuerzas progresistas y menos peleas internas. También pide autocrítica. La izquierda, sostiene, debe asumir sus errores, renovar liderazgos y saber cuándo algunas figuras ya han cumplido su etapa.

Sobre España, Cano cree probable una legislatura de Partido Popular y Vox. Lo contempla como un futuro inmediato oscuro, aunque espera que provoque una reacción cuando parte de la sociedad compruebe que las promesas no resuelven sus problemas reales. Le preocupa especialmente el apoyo de algunos jóvenes a la extrema derecha. Lo interpreta como una moda alimentada por dificultades verdaderas, falta de vivienda, precariedad y la sensación de vivir peor que sus padres, pero también por una visión idealizada de un pasado que nunca existió.

El episodio termina regresando a la radio, a la escritura y a los proyectos que Cano mantiene abiertos. No siente la necesidad de resucitar Gomaespuma como programa diario. Prefiere conservar el recuerdo de una etapa que terminó en lo alto y seguir creando desde otros lugares. Entre novelas, proyectos audiovisuales y la fundación, continúa haciendo lo mismo que empezó en 1982. Mirar la realidad, contarla a su manera y utilizar el humor para que el mundo resulte un poco más soportable.