En El Círculo Independiente, Euprepio Padula recibe a David Pastor Vico para hablar de filosofía en un momento en el que quizá hace más falta que nunca. Frente a la digitalización masiva, la sobreinformación, la manipulación constante y la pérdida de pensamiento crítico, la filosofía aparece no como un lujo académico, sino como una herramienta práctica para no perder el foco. Y Vico lo plantea desde el principio con una idea clara. El filósofo tiene que ser incómodo.
La conversación gira en torno a Filosofía para desconfiados, un libro que nació en México, país donde Vico vivió diez años y donde comenzó realmente su carrera como filósofo. Allí escribió su primer ensayo filosófico, una obra que tuvo una acogida inusual para el género. En un mercado donde vender doscientos ejemplares de un libro de filosofía ya puede considerarse un éxito, superar los diez mil es casi una anomalía. Ese dato sirve también para entender algo más profundo. Hay una necesidad creciente de filosofía, aunque muchas veces no sepamos nombrarla.
El libro parte de una pregunta esencial. Por qué los seres humanos hemos sido capaces de sobrevivir durante 300.000 años. Para Vico, la respuesta está en la confianza. La confianza es el pilar que permite la ética, la convivencia y la vida en común. Sobrevivimos juntos porque, de algún modo, confiamos unos en otros. El problema es que esa confianza se está rompiendo. En México, explica, descubrió que los índices de confianza interpersonal eran bajísimos. En España, aunque algo mejores, también dibujan un panorama preocupante.
Ahí aparece una de las ideas centrales de la entrevista. Un país donde los ciudadanos confían en sus vecinos es democráticamente más sano, menos corrupto y más capaz de llegar a acuerdos. Vico pone como ejemplo a los países escandinavos, donde la confianza interpersonal alcanza niveles muy altos y eso se traduce en sistemas políticos más estables, sociedades menos corruptas y ciudadanos más felices. No se trata de idealizar, porque también existen problemas, sino de entender que la confianza no es una ingenuidad, es una infraestructura moral.
Padula le plantea entonces el momento geopolítico actual. Gaza, Ucrania, Irán, Trump, China, la crisis de las democracias liberales. Vico responde con una mezcla de sinceridad y provocación. Cuanto peor le va al mundo, mejor le va a la filosofía. No porque el sufrimiento sea deseable, sino porque la filosofía crece en las crisis. Cuando las respuestas fáciles se agotan, cuando la autoayuda no alcanza y cuando las frases de taza ya no sirven, hace falta un pensamiento más robusto. La filosofía lleva siglos ofreciendo ese asidero.
Para Vico, lo que vivimos no es inesperado. Los filósofos llevan décadas avisando de la sociedad del espectáculo, de la banalidad del mal, de la frivolización de la vida pública y de la decadencia de los imperios cuando llegan a su máximo esplendor. Estados Unidos aparece en la conversación como un imperio en declive y China como una potencia que obligará a Europa a hacerse preguntas incómodas. Incluso si nuestro sistema democrático sigue siendo el mejor posible, habrá que defenderlo, repensarlo o reformarlo. No basta con confiar en que sobrevivirá por inercia.
La entrevista también aterriza la filosofía en lo cotidiano. Vico insiste en que la ética no es una discusión abstracta sobre el bien y el mal, sino la parte más práctica de la filosofía. Sirve para pensar cómo usamos las redes sociales, qué parte de nosotros debemos proteger, cómo entendemos el conocimiento y por qué la felicidad no puede entenderse como una meta individual aislada. La felicidad, dice, ha sido uno de los motores fundamentales de la filosofía, pero no como destino cerrado, sino como camino compartido.
Uno de los puntos más llamativos del libro es su dimensión prospectiva. Vico explica que la filosofía necesita de la historia para adelantarse a la sociedad. En Filosofía para desconfiados plantea tres finales apocalípticos, y uno de ellos, una pandemia, apareció en el libro antes de que el mundo viviera el covid. No lo presenta como profecía, sino como lectura histórica. Las pandemias, los colapsos y las crisis son procesos cíclicos que se repiten si no somos capaces de observar con atención.
El cierre de la conversación lleva la mirada al futuro y a los hijos. Vico, padre de mellizas, reconoce que su gran sueño es que sean felices. Padula le pregunta cómo se puede tener hijos cuando uno contempla escenarios apocalípticos. Su respuesta es probablemente la más esperanzadora de la entrevista. Él no está criando víctimas del problema, está criando parte de la solución. La filosofía, la educación y el pensamiento crítico pueden sembrar herramientas para que, cuando lleguen las crisis, sepamos responder mejor.
Y ahí queda la idea final. La filosofía no sirve para escapar del mundo, sino para entrar en él con más lucidez. Para desconfiar de lo que nos manipula, pero volver a confiar en lo que nos sostiene. En tiempos de ruido, crisis y desorientación, pensar no es un refugio. Es una forma de resistencia.