8 agosto 2026
8 agosto 2026

«Para él la guerra es una baza electoral» Jesús Núñez

En El Círculo Independiente, Euprepio Padula recibe a Jesús Núñez, economista y analista internacional, para poner orden en un escenario marcado por guerras, incertidumbre económica y un equilibrio geopolítico que cambia a gran velocidad. La entrevista no busca consuelo fácil, sino entender qué hay detrás de los titulares.

El primer bloque se centra en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Núñez insiste en la importancia de nombrarla así, no como una guerra “en Irán”, sino “contra Irán”. Desde su análisis, se trata de una agresión que vulnera el derecho internacional, porque ni Israel ni Estados Unidos podían ampararse en legítima defensa ni contaban con una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Además, sostiene que la operación no ha conseguido ninguno de sus objetivos.

La figura de Benjamin Netanyahu ocupa buena parte de la conversación. Para Núñez, el primer ministro israelí vive políticamente de la guerra. Le permite retrasar las causas judiciales abiertas contra él y reconstruir una imagen de liderazgo fuerte tras el fracaso de seguridad que supusieron los atentados del 7 de octubre. En ese contexto sitúa también el sueño del “gran Israel”, entendido como la voluntad de convertir a Israel en el actor dominante de Oriente Próximo.

Padula plantea entonces si todo puede reducirse a Netanyahu. Núñez responde que no. A su juicio, el electorado israelí lleva años desplazándose hacia posiciones cada vez más extremas, hasta configurar el gobierno más radical de la historia del país. Eso explica el margen de maniobra de Netanyahu y de sus socios, pero también obliga a mirar la responsabilidad internacional acumulada. Israel, afirma, se ha acostumbrado desde su nacimiento a que sus actos no tengan consecuencias reales.

En esa responsabilidad aparecen Estados Unidos, la Unión Europea y los gobiernos árabes. Washington ha respaldado históricamente a Israel en el plano diplomático, económico y militar. La Unión Europea, según Núñez, “no sabe, no contesta”, atrapada entre divisiones internas y complejos históricos. Y los gobiernos árabes han ido normalizando relaciones con Israel mientras el pueblo palestino queda cada vez más solo.

La relación entre Donald Trump y Netanyahu aparece como una alianza de intereses personales y estratégicos. Núñez sostiene que la política exterior de Trump se mezcla con los negocios y con la necesidad de concentrar esfuerzos frente a China. En ese tablero, Israel funciona como un peón clave para intentar reordenar Oriente Medio.

Rusia aparece después como otro actor decisivo. Núñez considera que Vladimir Putin busca, ante todo, ser reconocido como potencia global. Trump, al tratarlo como interlocutor de primer nivel, le habría devuelto parte de ese estatus. Sin embargo, subraya que Rusia no dispone hoy de los instrumentos que definen el poder contemporáneo. Más allá del petróleo, el gas y las armas, Moscú carece de la capacidad tecnológica y económica de otros actores.

Sobre Ucrania, su diagnóstico es duro. El ejército ucraniano se ha convertido en el más operativo de Europa, pero eso no significa que pueda expulsar a todas las tropas invasoras. El conflicto parece dirigirse hacia algún tipo de acuerdo que implique la pérdida de parte del territorio ucraniano en manos de Rusia. Una conclusión fría, pero planteada desde la necesidad de mirar la realidad sin autoengaños.

La Unión Europea queda retratada como una potencia necesaria pero insuficiente. Núñez se declara europeísta convencido, aunque crítico. Cree que los Estados europeos se han quedado pequeños para garantizar por sí solos la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos. La solución debería pasar por una Unión Europea más fuerte y con una sola voz, pero los instintos nacionales lo impiden.

El último gran protagonista es China. Núñez lo resume con una frase clara. China es aliada de China. Xi Jinping está jugando de forma inteligente, acercándose al llamado sur global y a quienes comparten el malestar frente a la hegemonía estadounidense. Para Europa, la estrategia no debería ser romper con Estados Unidos ni cerrar puertas a China, sino hablar con ambos desde una posición común.

El episodio no deja un mensaje especialmente optimista, pero sí una llamada a la lucidez. Jesús Núñez no ofrece respuestas cómodas. Ofrece un mapa para entender por qué el mundo se mueve como se mueve y por qué Europa debe decidir si quiere ser espectadora o protagonista.