En El Círculo Independiente, Euprepio Padula entrevista a Daniel Bashandeh en una de esas semanas en las que la actualidad no da tregua y, lo peor, confirma los escenarios que nadie quería ver. El ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, que hace poco parecía una hipótesis, se convierte en la foto del presente. Bashandeh lo resume con una frase sin matices. “Estamos en el peor escenario de todos”. Una intervención extranjera sobre un régimen que oprime a su pueblo, con el pueblo iraní de rehén por partida doble, interno y externo.
La entrevista no se recrea en la pirotecnia. Se centra en la parte que casi siempre se borra. La gente. Bashandeh insiste en separar pueblo y régimen. El pueblo iraní es una cosa y la República Islámica es otra. Y cuando describe lo que llega desde dentro, el tono cambia. “Se te parte el corazón”, dice, porque ahora el miedo ya no es solo a la represión. Es a las bombas. Por eso convierte el análisis en una responsabilidad. Dar voz a lo que ocurre allí.
Padula pone sobre la mesa un patrón que Oriente Medio conoce de memoria. Las invasiones nunca salen como se prometen. Libia, Afganistán, Irak. Se entra con una narrativa y se sale, si se sale, con un país roto. Bashandeh coincide y añade el elemento más peligroso. “Sabemos cómo empiezan, pero nunca sabemos hacia dónde nos llevan”. El día después, en Irán, está muy lejos y es incierto. Y apunta una acusación política. Ha habido falta de previsión, también en la Unión Europea, porque las negociaciones ya iban encaminadas al fracaso. Según su lectura, Estados Unidos e Israel tenían claro lo que querían hacer desde el principio. Intervenir.
En el plano geopolítico, Bashandeh plantea el interés estructural que, a su juicio, ordena el conflicto desde el 7 de octubre. Israel busca hegemonía regional. Y, en ese mapa, Irán es la única potencia capaz de hacerle frente, independientemente del régimen. De ahí la tesis. Lo que se persigue es un Irán débil y la desmilitarización de Irán. En esa lógica, la crisis de liderazgo dentro de la República Islámica se convierte en una ventana para continuar los ataques.
La conversación entra entonces en Trump. Bashandeh cree que el presidente quiere “pasar a la historia” como quien inició la guerra contra Irán, algo que otros no se atrevieron a hacer. Pero señala un riesgo adicional, igual de destructivo. Que Trump, tras un golpe unilateral, se retire del conflicto por interés político interno si no puede alcanzar sus objetivos. Un entrar con estruendo y salir dejando un país devastado y un vacío imposible de gestionar.
Cuando Padula pregunta por el pueblo iraní y por la posibilidad de cambio interno, Bashandeh es frío. Hay una mayoría que rechaza al régimen, sí, pero no tiene armas y salir a la calle puede costar la vida. Por eso alerta del peligro real de una guerra civil. Se sabe quién es el régimen. No se sabe quién está al otro lado, ni con qué organización. Y lanza su sospecha más amarga. Que el objetivo político no sea cambiar el sistema, sino mantener a Irán permanentemente desestabilizado.
A partir de ahí pone el foco en la diáspora y en lo que casi nadie discute, el día después. Bashandeh pide unidad, reconciliación y valores democráticos. Reconoce un error de la oposición. Se han intentado potenciar personalidades y no colectivos. Sin estructura no hay transición, solo caos. El futuro de Irán, insiste, está dentro de Irán y lo deben decidir quienes lo sufren, también quienes están en cárceles o han perdido a los suyos.
En clave europea, defiende que España está jugando a largo plazo y debería ejercer mediación, tejer puentes e interlocución para lo que venga después. Y critica una Unión Europea “como un puzle”, sin política unitaria ni anticipación. En ese tablero global, Bashandeh cree que China y Rusia priorizarán su relación con Trump, porque mientras esté ocupado en Oriente Medio descuidará otros frentes que a ellos les interesan.
El cierre del episodio mezcla esperanza y advertencia. Irán, dice Bashandeh, “siempre renace de sus cenizas”, pero las guerras son una caja de Pandora. Por eso insiste en prepararse para el día después, sentar bases y no abandonar al pueblo iraní a la lógica del castigo y del cálculo geopolítico. Entre bombas y propaganda, su mensaje final es sencillo y durísimo. Esta guerra dice que va contra un régimen. Pero quien la está pagando es la gente.
