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«Sálvame rompió con todos los moldes de la televisión» Ion Aramendi (ECI #179)

En El Círculo Independiente, Euprepio Padula recibe a Ion Aramendi, presentador de televisión, en una conversación marcada desde el principio por la cercanía, el humor y el buen rollo. La entrevista recorre una trayectoria construida a base de oportunidades, aprendizaje y muchos cambios de registro: desde sus comienzos como reportero de Sálvame hasta su paso por concursos, realities y programas de entretenimiento. Pero la conversación va mucho más allá de la televisión. Aramendi habla del éxito, de los fracasos, de la presión de las audiencias, de la familia y de una manera de entender la profesión basada, sobre todo, en disfrutar de lo que hace.

Aramendi recuerda sus primeros pasos en televisión, cuando entró como reportero de Sálvame. Durante años aprendió a contar historias en poco tiempo, a conocer a las personas, a hacer preguntas incómodas y a desenvolverse delante de una cámara.

La conversación se detiene especialmente en Sálvame, un programa que Aramendi vivió desde dentro durante una etapa de enorme crecimiento. Para él, el formato rompió muchos de los moldes de la televisión tradicional al convertir el plató en una especie de salón de casa y permitir que los propios colaboradores se convirtieran en protagonistas de sus historias. También identifica una de las grandes lecciones que se llevó de allí: la capacidad de reírse de uno mismo y de no tomarse demasiado en serio.

Padula le pregunta entonces qué hace que una persona tenga éxito delante de una cámara. Aramendi no habla de una fórmula mágica. Para él, la clave está en transmitir algo auténtico, en conseguir que quien está al otro lado de la pantalla perciba una personalidad y una mirada propias. Aramendi cree que esa conexión no se puede fabricar. Y rechaza además cualquier discurso basado en el ego.

Los realities ocupan también una parte importante de la conversación. Aramendi reconoce que siempre ha sido un espectador apasionado de formatos como Gran Hermano o Supervivientes y que le interesa especialmente observar el comportamiento de las personas cuando olvidan que están siendo grabadas. Al mismo tiempo, reconoce que los concursos tienen una dinámica diferente y que, aunque son formatos mucho más estructurados, le permiten disfrutar del placer de acompañar a alguien que demuestra una habilidad o consigue superar un reto.

La entrevista rescata también una etapa mucho menos conocida de su vida. Antes de convertirse en rostro televisivo, Aramendi vivió en Australia, donde trabajó preparando cafés y acompañando a su hermano en revisiones de instalaciones de butano. Finalmente, una oportunidad surgida a través de un casting le abrió la puerta de Sálvame y cambió el rumbo de su carrera.

Pero el éxito televisivo tiene también una cara menos amable. Aramendi reconoce que vivir pendiente de las audiencias es un sufrimiento permanente. Cuando un programa funciona, explica, la satisfacción es enorme, pero cuando los datos empiezan a caer, la presión puede resultar difícil de gestionar. En su caso, reconoce que el dato de audiencia afecta especialmente cuando eres el rostro visible del programa y sientes que parte de la responsabilidad recae sobre ti.

Esa experiencia le permite hablar también de la situación actual de Telecinco. Aramendi reconoce que la cadena atraviesa un momento complicado y que quienes trabajan allí viven esa situación con cierta preocupación, pero también con ganas de encontrar de nuevo la fórmula que permita recuperar al público.

La conversación continúa en un tono más personal cuando aparece la familia. Aramendi reconoce que su mujer y sus hijos son una parte esencial de su equilibrio. Su mujer, explica, es quien le ayuda a mantener los pies en la tierra cuando llegan los éxitos, mientras que sus hijos son el motor de buena parte de sus decisiones. Para él, el éxito profesional solo tiene sentido si puede compartirlo con quienes están a su lado.

Cuando Padula le pregunta qué programa le gustaría hacer si pudiera diseñar el formato de sus sueños, Aramendi responde con una referencia clara: Jimmy Fallon. Le gustaría tener un espacio propio de entrevistas y entretenimiento, con grandes nombres de la música y del cine, juegos, humor y mucha espontaneidad. Reconoce además su pasión por la música y sus ganas de explotar una faceta de showman que ya ha podido mostrar en algunas ocasiones.

En el tramo final, Padula le pregunta si siente que ya ha dado lo mejor de sí mismo. Aramendi responde sin grandes discursos. Cree que ha intentado ser siempre la mejor versión posible de sí mismo y que continúa aprendiendo.