15 enero 2026
15 enero 2026

La OTAN, La Haya y el vasallaje europeo

Cumbre de la OTAN en La Haya, Agencia EFE
Cumbre de la OTAN en La Haya, Agencia EFE

La reciente cumbre de la OTAN celebrada en La Haya no pasará a la historia por su visión estratégica, sino por su clara demostración de servilismo político. Lo que allí presenciamos fue un ejercicio de obediencia casi automática por parte de los países europeos hacia una agenda marcada, impuesta y blindada por Estados Unidos —o, más específicamente, por Donald Trump.

 

Mientras se discutía si los Estados miembros debían elevar su gasto militar hasta el 5 % del PIB, yo no vi una comunidad de aliados debatiendo seriamente los retos de seguridad global. Vi una escena de vasallaje político, con líderes europeos alineándose sin cuestionamientos detrás del nuevo dogma norteamericano. Lo que está en juego no es solo presupuesto: es la soberanía estratégica de Europa, su modelo social y su lugar en el mundo.

 

De la cooperación a la imposición

 

Trump no se limitó a sugerir. Impuso. Condicionó. Amenazó. Y, lo más grave: encontró en Europa una estructura dispuesta a ceder sin resistencia. Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y buena parte del bloque oriental acataron el mandato del 5 % con una docilidad alarmante. Ni un cuestionamiento público. Ni un intento serio de debatir alternativas.

 

Solo España —con Pedro Sánchez al frente— se opuso abiertamente, junto a Bélgica y Eslovaquia. El presidente del Gobierno español calificó la medida de “irracional y contraproducente”, y alertó de que ese gasto desorbitado pondría en peligro pilares del Estado de bienestar.

 

No fue una declaración ideológica. Fue una defensa concreta del interés nacional y de una visión distinta sobre seguridad: una seguridad que no se mide solo en armas, sino en cohesión social, educación, salud y empleo digno.

 

La amenaza como método

 

Como respuesta, Trump no solo despreció la posición española. Amenazó directamente con represalias comerciales:

 

“Vamos a negociar un acuerdo comercial con España y hacer que paguen el doble.”

 

Esto no es retórica diplomática. Es coacción. Es chantaje en formato institucional. Y el silencio del resto de líderes europeos —tan elocuente como cobarde— deja claro que la OTAN ya no es un espacio de alianza entre iguales, sino una pirámide de poder con epicentro en Washington.

 

Europa: entre la ceguera y la rendición

 

 Me resulta profundamente inquietante constatar que la Unión Europea no fue capaz de articular una respuesta común, digna o mínimamente crítica. A excepción de España y un par de aliados menores, la actitud fue la de obedecer primero y pensar después.

 

No se habló de Ucrania. No se debatió sobre estrategia defensiva real. Todo giró en torno al gasto. Y en torno a Trump. Esa reducción de lo militar a lo presupuestario es peligrosa. Pero lo es aún más cuando va acompañada de sumisión geopolítica.

 

La autonomía estratégica europea, que tanto se invoca cuando conviene, quedó sepultada bajo una bandera ajena. El resultado es claro: Europa no actúa como socio. Actúa como vasallo.

 

España, sola pero no sometida

 

En este contexto, valoro la postura del Gobierno español. No solo por lo que defendió, sino por cómo lo hizo: con argumentos, con propuestas, con visión. Pedro Sánchez no se dejó intimidar por amenazas, ni cayó en el infantilismo de las fotos protocolarias.

 

España salió políticamente aislada, sí. Pero no se sometió. En tiempos de alianzas acríticas, eso es un acto de liderazgo.

 

 ¿Y ahora qué?

 

Quedan abiertas varias preguntas incómodas:

 

  • ¿Debe la OTAN fijar metas que comprometen la sostenibilidad económica de sus miembros?
  • ¿Qué valor tiene una alianza que se basa más en el miedo a EE. UU. que en la confianza mutua?
  • ¿Puede Europa seguir mirando a otro lado mientras su rol se reduce a obedecer y pagar?

 

La próxima revisión de objetivos está prevista para 2029. Pero el debate real no puede esperar tanto. Lo que se juega no es un porcentaje de gasto. Es la idea misma de soberanía europea.