Por Euprepio Padula, Presidente de Padula & Partners | IMD International Search Group
Añade aquí tu texto de cabecera
La inteligencia artificial ha llegado para quedarse.
Ya es capaz de analizar millones de datos en segundos, elaborar mapas de talento, identificar candidatos, comparar trayectorias profesionales, detectar competencias e incluso anticipar probabilidades de éxito utilizando modelos predictivos.
Ante esta realidad, muchos se preguntan si el Executive Search está viviendo el principio de su fin.
Yo sostengo exactamente lo contrario.
El verdadero riesgo no lo corre el Executive Search.
Lo corren algunos Executive Search Consultants.
Porque la inteligencia artificial no va a sustituir nuestra profesión.
Va a seleccionar quién merece seguir ejerciéndola.
EL FIN DE UNA VENTAJA COMPETITIVA
Durante décadas, una parte importante del valor del Executive Search residía en el acceso privilegiado a la información.
Conocer el mercado antes que los demás.
Disponer de mejores bases de datos.
Identificar candidatos difíciles de localizar.
Construir un long list sólido.
Todo eso seguirá siendo necesario.
Pero dejará de ser diferencial.
La inteligencia artificial democratizará el acceso a esa información. En pocos minutos cualquier organización podrá obtener un mapa muy aproximado del mercado, identificar perfiles relevantes o comparar trayectorias profesionales con una profundidad impensable hace apenas unos años.
Cuando todos dispongan de la misma información, la pregunta dejará de ser:
¿Quién encuentra candidatos?
Y pasará a ser mucho más incómoda:
¿Quién tiene el criterio suficiente para decidir cuál de ellos debe liderar una organización?
Ahí empieza el verdadero Executive Search.
LA IA NO VA A SUSTITUIR AL EXECUTIVE SEARCH. VA A SUSTITUIR A PARTE DE LOS EXECUTIVE SEARCHERS.
Ésta probablemente sea la afirmación más incómoda de este debate.
La IA no llega para proteger nuestra profesión.
Llega para examinarla.
Y probablemente será el proceso de selección más exigente que haya vivido nunca nuestro sector.
Durante años han convivido excelentes consultores con otros cuyo valor diferencial era mucho más limitado.
Profesionales cuya principal aportación consistía en localizar candidatos, gestionar bases de datos, elaborar informes o coordinar procesos.
Ese modelo tiene los días contados.
Todo aquello que pueda automatizarse acabará automatizándose.
Y eso no debería preocuparnos.
Debería obligarnos a evolucionar.
LA DIFERENCIA ENTRE INFORMACIÓN Y JUICIO
Existe una enorme confusión alrededor de la inteligencia artificial.
Muchos creen que el verdadero valor del Executive Search consiste en encontrar personas.
Nunca ha sido así.
Encontrar personas es relativamente sencillo.
Elegir al líder adecuado es extraordinariamente difícil.
Porque un gran consultor no selecciona únicamente un currículum.
Evalúa la capacidad de liderazgo cuando todavía no existen evidencias concluyentes.
Detecta riesgos culturales invisibles para el resto.
Interpreta dinámicas políticas dentro de un Consejo de Administración.
Comprende los equilibrios de poder.
Analiza la madurez de un equipo directivo.
Y, sobre todo, ayuda al cliente a tomar una decisión irreversible con la mayor información posible, pero también con el mejor criterio posible.
Ese criterio no nace de un algoritmo.
Nace de haber entrevistado a miles de directivos durante décadas.
De haber visto triunfar a algunos candidatos que parecían discretos.
Y fracasar a otros cuyos currículums parecían impecables.
La experiencia sigue siendo un dato.
Probablemente el más difícil de digitalizar.
LOS CONSULTORES QUE SALDRÁN REFORZADOS
La IA no afectará a todos por igual. Habrá quienes desaparezcan porque competían únicamente por eficiencia.
Habrá quienes sobrevivan porque aprendan a utilizar la inteligencia artificial como una extraordinaria herramienta de productividad.
Y habrá una tercera categoría.
Los que serán más valiosos que nunca.
Aquellos cuya reputación se ha construido durante años asesorando a presidentes, consejos de administración y comités ejecutivos.
Los que son capaces de formular la pregunta que ningún algoritmo sabe plantear.
Los que detectan lo que no aparece en un informe.
Los que ayudan a un cliente a comprender no solo quién puede ocupar un puesto, sino quién transformará realmente una organización.
Ésos serán imprescindibles.
Porque la inteligencia artificial puede ofrecer respuestas. Pero todavía necesita que alguien formule las preguntas correctas.
UNA EXIGENCIA MAYOR PARA TODOS
Paradójicamente, la IA elevará el nivel de exigencia de nuestra profesión. El mercado será mucho menos tolerante con la mediocridad. Los clientes dejarán de pagar por aquello que una máquina puede hacer mejor, más rápido y prácticamente sin coste.
Pagarán por el criterio.
Por la capacidad de interpretar.
Por el conocimiento profundo de los negocios.
Por la independencia.
Por la confianza.
Por la experiencia.
Y eso obligará también a replantear cómo incorporamos y desarrollamos el talento dentro de nuestras propias firmas.
La formación de un gran Executive Search Consultant ya no podrá basarse únicamente en aprender metodologías o procesos.
Habrá que acelerar su exposición al negocio, a la estrategia, al liderazgo y a la toma de decisiones complejas.
Porque el futuro de nuestra profesión dependerá menos de manejar herramientas y mucho más de desarrollar juicio.
EL MOMENTO DE REIVINDICAR LA ESENCIA DEL EXECUTIVE SEARCH
Quizá la inteligencia artificial nos esté haciendo un enorme favor.
Nos obliga a volver al origen.
El Executive Search nunca consistió en encontrar directivos.
Consistió en ayudar a las organizaciones a tomar mejores decisiones sobre liderazgo. La tecnología cambiará radicalmente nuestra forma de trabajar. Y eso es una magnífica noticia.
Nos liberará de tareas repetitivas para dedicar mucho más tiempo a aquello que realmente aporta valor: comprender personas, organizaciones y contextos.
Porque el liderazgo nunca ha sido una ecuación.
Y probablemente nunca lo será.
UNA PARADOJA FINAL
La inteligencia artificial hará que todos tengamos acceso a la misma información.
A partir de ese momento, la única ventaja competitiva será el criterio.
Y el criterio no se descarga.
No se compra.
No se automatiza.
Se construye durante años escuchando, observando, equivocándose, aprendiendo y acompañando a líderes en algunas de las decisiones más importantes de su carrera.
Quizá la mayor paradoja de la inteligencia artificial sea ésta:
Nunca ha sido tan fácil encontrar candidatos.
Nunca será tan difícil encontrar auténticos Executive Search Consultants.