La Noche de las Finanzas de ECOFIN reunió reconocimientos a la empresa, el periodismo, la cultura y la innovación. Presentarla junto a Silvia Leal me permitió reivindicar una convicción: el éxito de un líder también se mide por la vida que mejora a su alrededor.
Por Euprepio Padula
Hay una pregunta que debería acompañar a cualquier premio empresarial: ¿qué han ganado los demás con tu éxito?
Podemos hablar de facturación, crecimiento, innovación o proyección internacional. Debemos hacerlo. Pero también necesitamos saber qué oportunidades ha abierto una empresa, qué confianza ha construido una institución y qué personas han podido avanzar gracias a las decisiones de quienes las dirigen. Ahí empieza, para mí, el liderazgo humanista. En la responsabilidad de entender que detrás de cada resultado hay vidas.
Anoche tuve el placer de presentar junto a Silvia Leal, en el hotel Wellington de Madrid, La Noche de las Finanzas, organizada por Foro ECOFIN. Una gala en la que los Premios del Jurado, los Titanes de las Finanzas y los reconocimientos especiales permitieron recorrer ámbitos aparentemente distintos: las finanzas, la comunicación, la educación, la cultura, la tecnología o el deporte.
Todos comparten una misma cuestión de fondo: qué hacemos con nuestra capacidad de influir.
Porque dirigir una empresa, conducir un programa de radio, desarrollar una tecnología o representar a una institución supone intervenir en la vida de otros. Y el liderazgo empieza a adquirir profundidad cuando somos conscientes de esa responsabilidad.
LA PALABRA TAMBIÉN TIENE UNA CUENTA DE RESULTADOS
Uno de los reconocimientos de mayor proyección pública fue el Titán de las Finanzas en Comunicación concedido a Más de uno, el programa de Onda Cero liderado por Carlos Alsina. Recogieron el galardón Jorge Abad, subdirector del programa, y Diego Fortea, guionista y director de Lo contó la radio.
Ese detalle merece atención: detrás de una voz reconocible hay un equipo. El liderazgo humanista exige hacerlo visible, compartir el mérito y recordar que el talento individual alcanza otra dimensión cuando encuentra una comunidad profesional que lo sostiene y lo cuestiona.
El reconocimiento al programa permite, además, hablar de algo fundamental: la responsabilidad de la palabra.
La confianza es un activo imprescindible para una economía y para una democracia. Se debilita cuando la información se convierte en propaganda, cuando la pregunta desaparece por conveniencia o cuando el ruido ocupa el lugar del argumento. El periodismo riguroso presta un servicio público precisamente porque ayuda al ciudadano a comprender, contrastar y decidir.
Desde mi manera de entender el liderazgo, la independencia de criterio resulta esencial. Un buen líder necesita escuchar preguntas incómodas. Necesita personas capaces de discrepar sin miedo. Las organizaciones que castigan al que advierte de un problema terminan premiando a quien sabe ocultarlo.
Y eso siempre acaba teniendo un coste.
FINANZAS QUE FACILITAN LA VIDA
El nombramiento de Jesús Verde, presidente y director general de Redsys, como Financiero del Año 2026 puso el foco en el desarrollo de los medios de pago y en la capacidad de construir soluciones compartidas.
Hay una reflexión humanista detrás de algo tan cotidiano como pagar: la tecnología tiene valor cuando hace la vida más sencilla, segura y accesible. Su sofisticación debería traducirse en menos dificultades para las personas.
La colaboración también es liderazgo. Aunar intereses, coordinar capacidades y construir infraestructuras útiles requiere superar el protagonismo propio. En un entorno que celebra con facilidad al supuesto genio solitario, conviene reivindicar a quienes consiguen que muchos trabajen en una misma dirección.
Pero la innovación obliga a formular preguntas exigentes: ¿quién puede utilizarla?, ¿quién se queda fuera?, ¿qué ocurre con quien necesita ayuda?, ¿cómo protegemos la confianza del usuario?
La inclusión debe formar parte del diseño de una solución. Y la eficiencia tiene que contemplar el tiempo, la tranquilidad y la autonomía de quienes la utilizan.
LA CULTURA Y EL DEPORTE TAMBIÉN NOS ENSEÑAN A DIRIGIR
El Teatro Real, reconocido entre las instituciones Titanes de las Finanzas, introdujo otra dimensión imprescindible. Una sociedad necesita cultura para desarrollar sensibilidad, imaginación y capacidad crítica. También para encontrarse con experiencias y miradas distintas de las propias.
La excelencia artística requiere coordinación, disciplina y reconocimiento de oficios muy diversos. Sobre un escenario vemos una parte del trabajo; detrás existe una red de profesionales cuya contribución hace posible el resultado. En las empresas sucede exactamente lo mismo. Quien dirige tiene la obligación de reconocer ese trabajo, especialmente cuando permanece lejos de los focos.
El reconocimiento extraordinario Imagen de España a la Real Federación Española de Fútbol, recogido por su director general, Manuel Lalinde, abrió también una reflexión sobre la fuerza del equipo.
El deporte ofrece un terreno fértil para hablar de liderazgo, siempre que profundicemos más allá de la victoria. Importa cómo se distribuye la confianza, cómo se acompaña a quien atraviesa un mal momento y qué espacio se concede a quienes tienen menos visibilidad.
La verdadera cohesión se comprueba cuando alguien falla. Ahí sabemos si el grupo protege, ayuda y exige, o si necesita encontrar un culpable.
REPUTACIÓN ES RESPONDER POR LO QUE HACEMOS
La noche incluyó un homenaje a título póstumo a Carlos Espinosa de los Monteros y Bernaldo de Quirós, cuyo reconocimiento recogió su hijo Beltrán. Su vinculación a Marca España permitió recordar que la reputación de un país se construye con trayectorias, instituciones y comportamientos sostenidos.
También fueron reconocidos Prosegur, Grupo Fuertes y la Conferencia Episcopal Española entre las Marcas Imagen de España.
Desde ámbitos diferentes, estos reconocimientos plantean una cuestión que considero central: la proyección pública conlleva una responsabilidad proporcional a la influencia que se ejerce.
Una marca se hace creíble cuando existe coherencia entre lo que promete y lo que las personas experimentan. Esa coherencia se juega en el trato a los empleados, en la relación con los proveedores, en la atención al cliente y en la manera de responder cuando algo sale mal.
La reputación se pone a prueba cuando cumplir los valores tiene un precio.
EL HUMANISMO SE DEMUESTRA EN LAS DECISIONES DIFÍCILES
A lo largo de la gala aparecieron proyectos vinculados al bienestar financiero, la ciberseguridad, la educación y el desarrollo del talento. Iniciativas que permiten recordar hasta qué punto la economía afecta a nuestra autonomía y a nuestras posibilidades de futuro.
En ese contexto, el liderazgo humanista debe traducirse en decisiones concretas: ofrecer oportunidades de aprendizaje, explicar los cambios, proteger la discrepancia, exigir con justicia y asumir la responsabilidad de los errores.
También significa revisar una idea de éxito que, durante demasiado tiempo, ha tolerado el desgaste de las personas como si fuera una consecuencia inevitable de la ambición.
Podemos y debemos aspirar a resultados extraordinarios. Precisamente por eso necesitamos equipos que puedan sostenerlos. La humillación deteriora el criterio. El miedo empobrece la iniciativa. La falta de reconocimiento termina expulsando el compromiso.
Cuidar la dignidad de las personas es una obligación de quien dirige y una condición para construir organizaciones solventes.
Compartir la presentación con Silvia Leal, cuya labor está tan ligada a la divulgación tecnológica, me permitió pensar también en el gran desafío de este tiempo: desarrollar nuestra capacidad de innovar con el mismo empeño con el que desarrollamos nuestra capacidad de comprender a los demás.
Agradezco a Salvador Molina y a Foro ECOFIN una noche que nos permitió reconocer talento, esfuerzo y aportaciones muy distintas. Una entrega de premios tiene sentido cuando, además de celebrar lo conseguido, eleva la exigencia sobre lo que viene después.
Porque un galardón reconoce una trayectoria. El liderazgo se demuestra al día siguiente.
Cuando se apagan los focos, se retiran los atriles y cada persona vuelve a su organización, queda la pregunta decisiva:
¿Qué van a ganar los demás con tu éxito?
