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Pilato y Alonso, dos mujeres para contar la primera jornada de Taranto 2026

Hay medallas que se ganan. Y hay medallas que cuentan una historia.

La primera jornada de competición de los Juegos del Mediterráneo de Taranto 2026 nos ha dejado resultados, récords, victorias, derrotas y un arranque extraordinario para Italia en la piscina.

Pero si tuviera que quedarme con dos imágenes, elegiría dos mujeres.

Una italiana y una española.

Benedetta Pilato y Sandra Alonso.

Dos deportistas. Dos medallas. Dos historias completamente diferentes y, al mismo tiempo, unidas por algo esencial: detrás de cualquier gran resultado deportivo siempre existe una vida.

BENEDETTA PILATO: GANAR EN CASA

La historia de Benedetta Pilato parece escrita expresamente para estos Juegos.

Nació en Taranto hace 21 años. Aquí comenzó a nadar. Desde aquí salió para convertirse en una de las grandes figuras de la natación italiana.

Y ayer volvió a competir internacionalmente en su ciudad.

No sólo volvió.

Ganó.

Pilato conquistó los 100 metros braza con 1:05.82, nuevo récord de los Juegos del Mediterráneo, por delante de otra italiana, Lisa Angiolini.

Fue además el primer oro de Italia en Taranto 2026.

Pero el cronómetro explica sólo una parte de lo sucedido.

Lo verdaderamente extraordinario estaba en las gradas.

Su familia. Sus amigos. Su gente.

Pilato está acostumbrada a viajar por el mundo para competir. Durante su carrera incluso ha tenido que alejarse de Taranto para encontrar mejores condiciones de entrenamiento.

Esta vez no tuvo que marcharse.

Esta vez el mundo de la natación había venido hasta ella.

Después de ganar lo explicó con una frase muy sencilla: era bellísimo poder hacerlo en casa, delante de sus amigos y de su familia.

Hay que intentar imaginar ese instante.

Una niña empieza a nadar en Taranto. Crece. Se marcha. Compite en Mundiales, Europeos y Juegos Olímpicos. Se convierte en una de las mejores especialistas del mundo.

Y un día su ciudad organiza unos Juegos del Mediterráneo.

Se construye un nuevo estadio de natación.

Ella se lanza al agua.

Y gana.

Hay sueños que tardan años en encontrar el lugar exacto donde cumplirse.

El de Benedetta Pilato estaba en Taranto.

SANDRA ALONSO: VOLVER

A pocos kilómetros de allí, sobre una bicicleta, se estaba escribiendo otra historia extraordinaria.

La española Sandra Alonso consiguió la plata en la contrarreloj individual.

Perdió el oro ante la francesa Amandine Muller por apenas 45 centésimas.

Cuarenta y cinco centésimas.

En cualquier otra circunstancia podríamos hablar de la crueldad del cronómetro.

Pero sería quedarse en la superficie.

Porque Sandra Alonso fue madre el pasado mes de diciembre.

Y ocho meses después estaba compitiendo nuevamente al máximo nivel internacional y subiendo al podio de unos Juegos del Mediterráneo.

Eso convierte su plata en algo mucho más interesante que una posición en el medallero.

Habla del regreso.

De reconstruir el cuerpo.

De volver a entrenar.

De recuperar sensaciones.

De conciliar maternidad y deporte de élite.

De volver a creer que se puede competir contra las mejores.

Y finalmente, de volver a subir a un podio.

Pilato regresó a su ciudad.

Alonso regresó a sí misma como deportista.

Quizá por eso me parecen las dos grandes historias de esta primera jornada.

ITALIA ARRANCA CON FUERZA

Deportivamente, Italia comenzó estos Juegos demostrando una enorme fortaleza, especialmente en natación.

La primera sesión de finales dejó 13 medallas italianas en la piscina: tres oros, ocho platas y dos bronces.

Además de Pilato, ganaron Gabriele Mancini, en los 100 braza masculinos, y Noemi Cesarano, en los 1.500 metros libres.

En numerosas pruebas Italia consiguió colocar a dos deportistas en el podio.

Un comienzo extraordinario para una selección anfitriona que quiere ser una de las grandes protagonistas del medallero.

Y también una magnífica inauguración deportiva para el nuevo Stadio del Nuoto Torre d’Ayala.

Las infraestructuras deportivas tienen sentido cuando sobreviven a los grandes acontecimientos. Ojalá dentro de muchos años haya niños y niñas de Taranto entrenando allí y recordando que Benedetta Pilato ganó en esa piscina el primer oro italiano de estos Juegos.

ESPAÑA TAMBIÉN CELEBRA

España tampoco tardó en estrenar su casillero.

Sandra Alonso consiguió la primera medalla española.

Y después llegó el primer oro.

Lucía Martín-Portugués se impuso en la final de sable a la turca Nisanur Erbil por 15-11.

España cerró además la jornada sumando nuevos podios y demostrando que también quiere tener mucho que decir durante estas dos semanas de competición.

Seguiré estos Juegos inevitablemente desde mis dos orillas.

Italia y España.

Mi país de nacimiento y mi país de vida.

Pero intentaré que este diario de Taranto 2026 no se convierta simplemente en una sucesión de resultados.

EL OTRO MEDITERRÁNEO

Quiero buscar historias.

Porque quizá ese sea el verdadero valor de estos Juegos.

Durante demasiados meses hemos pronunciado la palabra Mediterráneo hablando de guerras, fronteras, inmigración, naufragios, enfrentamientos políticos y nacionalismos.

Durante estos días podemos hablar también de otra cosa.

De jóvenes de diferentes países, religiones y culturas compartiendo piscinas, pistas, carreteras, pabellones y estadios.

Compitiendo sin dejar de convivir.

Ganando y perdiendo bajo las mismas reglas.

Reconociéndose mutuamente.

Ese es también el Mediterráneo.

El Mediterráneo que me gusta.

Y la primera jornada nos ha regalado dos mujeres extraordinarias para empezar a contarlo.

Benedetta Pilato ganó el oro.

Sandra Alonso consiguió la plata.

Una volvió al lugar donde empezó todo.

La otra volvió a la competición después de convertirse en madre.

Una italiana.

Una española.

Dos orillas del mismo mar.

Pilato ganó en casa. Alonso volvió a casa.

Y las dos nos recordaron que algunas de las mejores historias del deporte comienzan precisamente cuando dejamos de mirar el medallero.